LA DEMOCRACIA CRISTIANA CHILENA, UNA VISIÓN
CRÍTICA.
1.- El problema central de la Democracia
Cristiana Chilena no es recuperar un supuesto CAMINO PROPIO que en democracia
nunca ha existido, porque siempre se hace necesario llegar a ciertos acuerdos
con todos los sectores civiles, con unos más que otros: estamos en una
democracia pluralista. Formar alianzas permanentes que son meras máquinas
electorales o de poder es lo problemático, porque se sacrifica lo esencial de
las identidades y esto ha resultado ser fatal para mantener los ideales y
generar la “energía histórica propia”
para motivarse en la acción política. Miles de han alejado de la DC porque
sienten que se ha perdido esta “mística”, que es más emocional que
racional. La gente necesita señales claras
para identificarse con un “NOSOTROS” frente a los “OTROS”. Para explicar porque
se hace necesario negociar con algunos sectores, no se puede esperar que la
gente esté “preparada” para entender porque
ahora es “bueno negociar” con los comunistas o empresarios u
homosexuales, etc. No se ha creado una cultura cívica con valores como la
tolerancia y lo que es tolerar, sus límites, etc. que asuma la post-modernidad,
que está lejos, muy lejos de los pasados años 60. Se llenan las paredes con
mensajes básicos, para gente básica, que se supone casi idiota, etc. Esto se ha
empeorado con la invasión de los medios audiovisuales, internet, etc. que
fomentan un consumismo y un estilo de vida superficial, hedonista y amoral. Las
bases de todos los partidos están bajo esta influencia anti-comunitaria,
individualista y funcional al neo-liberalismo y al mercado global. Muchos DC de
base no tienen “respuesta” a esta situación, viven el “momento político”. Hace
tiempo que se perdió en la conciencia de miles de personas la “razón de ser de
la democracia cristiana”, muchos viven del pasado.
2.- Perder la identidad por un supuesto
pragmatismo funcional al neo-liberalismo ha sido la liquidación o banalización
del humanismo cristiano en todo Occidente.
Culturalmente no se construye nada efectivo a nivel público para
orientar a las bases en una situación post-moderna que está lejos de la guerra
fría. Un anti-marxismo cercano a los odios de la derecha hoy es anacrónico.
Actualmente el ciudadano común no piensa
la política como en el pasado siglo XX. Se quieren resultados concretos en la
gestión política. Lo utópico como se entendió en los pasados años 60, hoy no motiva para un compromiso social y
político. No es solamente el consumismo, es fundamentalmente el fracaso de
proyectos excluyentes que generaron conflictos extremos y violencia,
dictaduras, opresiones diversas, etc. lo que supo fin a esos tiempos que
algunos “mitifican” inútilmente. Actualmente se usa la ideología para
falsificar la historia y las reales diferencias con otros sectores. Esto es
clave, cuando se habla contra la derecha económica, por ejemplo, y el
neo-liberalismo imperante ha destruido los ideales que hace tiempo se han
dejado de seguir. Son todos neo-liberales: izquierda, centro y por supuesto la
derecha. Los mismos movimientos anti-sistema, anarquistas, etc. no tienen en
estos momentos una praxis efectiva para pasar de la agitación a un proceso
político constructivo. Algunos viven una crisis ideológica terminal no
reconocida. La agitación callejera no construye por sí misma una nueva
sociedad, hay que sentarse a negociar, crear, respetar las diferencias, superar
la violencia, etc.
3.-La Democracia Cristiana fue una corriente
progresista con claras diferencias con los sectores conservadores de la
derecha. Hoy está estancada en su puesta al día. Los DC que se sienten más
liberales, son eso: liberales post-racionalistas; pero no se ha dado una
renovación desde lo propio o no se promueve masivamente lo que se está
produciendo ideológicamente en el campo actual del humanismo cristiano,
comunitarismo, etc. Las bases DC han perdido una identidad que dejó de ser
práctica hace tiempo. Lo que dice
Maritain de la tolerancia, pluralismo, diálogo, democracia, sociedad comunitaria,
etc. permite una reflexión con importantes diferencias con el liberalismo
ideológico, y en consecuencia un diseño ético-social-político práctico con
otras notas que suponen una mayor profundidad y detalles filosóficamente más
coherentes que hizo de este filósofo un Maestro de nuestro tiempo. Esto no se
está dando en la DC chilena actual. Por lo menos en forma masiva.
4.- Necesitamos una “relectura crítica” del
humanismo cristiano en un contexto post-moderno. No un mero conservantismo
doctrinal. La DC necesita nuevos liderazgos políticos concretos y retomar un
pensamiento crítico ético-social progresista incluso revolucionario. La
revolución personalista está pendiente como proyecto cultural. Los “católicos
DC”, un sector importante, pero no el único más importante, tienen que
atreverse a hacer una “teología social” alternativa a las visiones
clerical-fundamentalistas que se han fortalecido en algunos sectores de la
Iglesia. No queda tiempo para esperar que el clero vuelva a ser
mayoritariamente “renovador”, la comodidad y mediocridad pastoral de no pocos
agentes eclesiásticos es lo que más
llama la atención en estos últimos años. Un humanismo cristiano puesto al día
debiera marcar una diferencia con el conservantismo católico, en los temas valóricos, por ejemplo. El
tratamiento de todo lo valórico debe fundarse siempre en el respeto a la libertad personal. Esto
tiene consecuencias a veces radicales, pero hay que ser consecuentes con este
aspecto ético, propio del cristianismo no traicionado. Cada persona tiene que
decidir en conciencia sobre los temas valóricos, no un grupo religioso de
poder. En esto hay que diferenciarse claramente de la derecha católica
autoritaria y elitista.
5.- El tema no es renegar de la unidad con
otros sectores, es que tipo de UNIDAD sin sacrificar la IDENTIDAD es la que se
necesita hoy. El dicho popular que dice: “ni muy adentro que te quemes ni muy
afuera que te enfríes” se puede aplicar como criterio a lo que le está pasando
al PDC chileno. Se dijo: la democracia cristiana pierde con la derecha, pero al
final, también está perdiendo con la izquierda, por una UNIDAD mal diseñada y
meramente pragmática, por sobre valores universales e identitarios que nunca
deben faltar. Es razonable pensar que con líderes carismáticos DC realmente
representativos, con una activa “democracia de las bases” y una cultura
humanista cristiana con mucha vitalidad, es posible mantener una relación con
mutuo respeto, tolerancia y dignidad con quienes sea necesario. Hoy esto no se
da REALMENTE, miles lo sienten así. Grupos pequeños de poder de los partidos se
“ríen” de las diferencias señaladas, pero son los nuevos CÍNICOS de la
política, los pragmáticos, lo anti-utópicos, etc. lo pasan muy bien con el
“negocio de la política”, pero son eso: grupos de poder, LOS NUEVOS PRINCIPES.
Son rechazados por las bases. Tienen que irse de alguna manera. En este momento
la DC chilena es un partido que está clavado en el “trasero y defecadero” de la
izquierda bachelitista y ellos-los grupos de poder- lo siguen pasando muy bien,
no reconocen que están destruyendo el partido de Frei Montalva.
Mario
Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación.
Egresado de la Universidad Católica del Maule.
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