lunes, 27 de enero de 2014

¿INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA? ¿CUÁNDO Y PARA QUÉ? ¿PARA QUE LOS GRUPOS ECONÓMICOS APÁTRIDAS SIGAN GANANDO DINERO?



 ¿INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA? ¿CUÁNDO Y PARA QUÉ? ¿PARA QUE LOS GRUPOS ECONÓMICOS APÁTRIDAS SIGAN GANANDO DINERO?





A propósito del fallo de la Haya. Una vez más Chile perdió. Pero, ¿qué Chile? ¿El Chile de los pobres o del chileno común o el Chile de los intereses de los poderosos del sector privado nacional e internacional? La tesis chilena era y es históricamente verdadera y relativamente justa, pero jueces extranjeros quisieron imitar  la mítica sabiduría del rey Salomón. Bachelet, acatará el fallo porque es lo único posible. De la misma manera tendrá que acatar lo que se logre negociar entre el sector privado y la agitación social que seguramente explotará en los próximos meses, ante los ojos de una mayoría pasiva que solamente quiere cosechar lo que otros siembran o intentan sembrar.
1.- Lo que puede ser ridículo para algunos, es un principio o una convicción para otros…No es ser ridículo tener sentimientos patrióticos. Un cierto nacionalismo fundado en el amor a los cercanos, no es insano en la medida que constituye una identidad que no se funda en la descalificación de otras identidades.  Por lo mismo más que calificar de ridícula una actitud  u opinión, lo que necesitamos  es tolerar  lo que  no nos parece válido. Vivir en democracia supone siempre coexistir con personas que sienten, piensan, creen, tienen sexo de maneras no convencionales, etc. La tolerancia y una ética mínima común son un primer fundamento permanente. Un diálogo valórico para mantener la funcionalidad de una institucionalidad democrática será siempre necesario en el plano nacional o internacional. No basta la lógica de los poderes económicos, políticos o militares o los intereses de los grupos económicos del mercado mundial. Esto sí se valora la paz social y el bienestar de la gente común, porque los poderosos viven con mucho placer sobre sistemas de opresión y en algunos casos se fortalecen o enriquecen con la guerra entre los pueblos. 
2.- Hablar de integración latinoamericana es muy fácil y oportunista como propaganda ideológica, sobre todo, cuando son los grupos económicos los que se han “adueñado” de los recursos naturales. ¿Quiénes son los “dueños” del mar chileno? ¿Los humildes pescadores?... ¿es mentira decir que el norte de Chile no es actualmente una prioridad de desarrollo para los macro-intereses? Miles de chilenos del norte se sienten abandonados por los políticos y lo dicen claramente. La chilenización del norte ha sufrido un retroceso. Esto  es urgente rectificar. Porque una integración entre Chile, Perú, etc. no se funda en una desnacionalización o deschilenización del norte chileno. Un nacionalismo chileno abierto a la diversidad internacional no es lo mismo que buscar la unidad planetaria despreciando los valores patrios o la historia de las pasadas generaciones. Hablar hoy de un chauvinismo es propio de pequeños grupos que no logran llegar a una mayoría significativa de chilenos. Esto es bueno, porque este tipo de nacionalismo fanático es contrario a una civilización de la paz y solidaridad entre los pueblos de la tierra.
3.- Hay un sector de la juventud chilena que ha perdido el sentido patriótico. Se nutre de la globalización que destruye identidades y valores.   Algunos de estos “habitantes jóvenes del mundo”, consumidores habituales de este sistema mercantil, hablan de “integración latinoamericana” y de paso, desvaloran el patrimonio de los “Padres de la Patria”, que son para ellos viejos borrachos, anacrónicos, “piezas de museo”, etc. Otros se dedican a falsificar la historia y así han “inventado” un Manuel Rodríguez con un discurso ideológico de izquierda o populista que lo parcializa odiosamente. Un Padre de la Patria tiene una proyección valórica y patriótica más amplia, donde solamente los opresores de las libertades del pueblo son legítimamente descalificados por este legado común.  Necesitamos historiadores que rescaten la historia, sobre todo, restableciendo la verdad histórica, es una tarea urgente. La enseñanza de la historia no puede quedar a cargo de grupos, partidos, profesores, etc. sectarios.
4.- No me satisface el fallo de la Haya, tiene una contradicción en su lógica. La “equidad” que se menciona en el fallo, no sigue el sentido del reconocimiento  de la tesis chilena sobre el paralelo que siempre defendió como límite marítimo. Realmente, existía un acuerdo entre Perú y Chile. Algunos dicen sueltos de cuerpo: “Chile pierde 19.312 kilómetros cuadrados de zona económica exclusiva”. Y afirman casi delirando: “Fue un fallo salomónico, se reconoce paralelo como límite marítimo pero sólo hasta 80 millas”. ¿Por qué hasta las 80 millas solamente? Por decir algo. Se procedió conforme a derecho y se rompió esa rigurosidad con el resultado conocido. Seguramente hay macro-intereses que están muy satisfechos con este fallo.
5.- La integración de los pueblos latinoamericanos desde los intereses populares no tiene por el momento el apoyo de una conciencia social y cultural masiva. Saber integrar un sano patriotismo con la inclusión de otras sensibilidades nacionales o tradiciones de pueblos hermanos, es una tarea que no siempre se hace bien. Es más fácil vaciar las identidades y dejarse arrastrar por una “globalización” que desprecia los sentimientos patrióticos. Por lo tanto, incorporar a la conciencia ecuménica de la post-modernidad un humanismo planetario donde la diversidad está potenciada dialógicamente, es un objetivo de una política humanista y sobre todo, sí quienes la promueven son cristianos conscientes del momento epocal que vivimos. Un comunitarismo social cristiano, entre otros, tiene mucho que aportar en el Chile de hoy y en toda Latinoamérica.




Mario Andrés Díaz Molina: Profesor de Religión y Filosofía. Licenciado en Educación. Egresado de la Universidad Católica del Maule.

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